jueves, 24 de marzo de 2011

Inspiración limeña 19: Eres dos

Playa Santa María; fotógrafa: PLS.


Huye el tiempo

Caduca la vida

Huellas las olvidas

El reflejo se pierde

Se dibuja sólo uno

Pero él está presente.

jueves, 10 de marzo de 2011

Inspiración limeña 18: Pizcas de cielo

Después del tremendo bajón que me mandé ayer y luego de sentir consejos realmente reconfortantes, siento la necesidad en este preciso instante de hacer un diminuto homenaje a seres que todos nosotros fuimos alguna vez y que siguen viviendo en nuestros corazones y en los más recónditos recuerdos: los niños.

No hay nada como la sonrisa de un niño, no sólo te ilumina el día, te ilumina la vida”, lo leí explorando el acogedor espacio interniano de mi amiga Marlene y encendió esas ganas de hace muchas semanas de escribir algo sobre ellos.

Hace unos años, debo confesar que no tenía el mínimo agrado hacia ellos. No sé precisamente qué cambió mí. Lo más drástico que pude decir en aquellas épocas fue que deseaba ser soltera de por vida y no tener hijos. Pero qué tristeza la de esas palabras. ¿Sola? ¿Tantos años? ¿Sin nadie que espere al llegar a casa? Qué locura la de aquellos días. Hoy en cambio quiero encontrar a mi alma compartida sea donde esté y pasar algunos extraordinarios años juntos. Tener dos hijos; no tengo preferencia… sean mujercitas o pequeñísimos caballeros, no tengo nombres pensados, no tengo idea de cómo serán sus cuartos, se podría decir que no tengo nada para ellos más que un infinito amor reservado.

Nos iluminan la vida. ¿Qué sería de este mundo sin aquellas pizcas de cielo? Me atrevo a decir que no sería un lugar habitable para ningún ser humano normal; estoy segura que habría tanta crueldad y odio por las calles que cada segundo sería devastador.

Ver a un niño en plena acción de vida es como si alguien pusiera alto a nuestras vidas caóticas ¿o no? Nunca olvidaré aquel día que caminaba regreso a casa y vi salir de un vetusto micro a una señora con una hermosa niña en brazos que se despedía del cobrador; su mirada y su gesto fueron tan sinceros, tan dulces que me quedé atónita. ¿Quién se despide del cobrador? Muchas veces aquel ser repugnante que pone sus uñas mugrientas en tu cara pidiendo pasaje, que alza su brazo regalándote una oleada de repugnante olor axilar. Entonces ¿quién? Ella. Les presento a “alita de pollo” como lo bautizó su padre. La conocía sólo que en ese realmente mágico momento no la reconocí. No la había visto después de muchos meses y había crecido bastante. Esa niña, esa realmente hermosa niña, tiene algo, algo que no se encuentra a menudo. No sé como se dice en español o en cualquier lengua humana pero tiene un no-sé-qué. Algo que me escarapela el cuerpo.

"Alita de pollo" y su papá. Fotógrafa: PLS.

Así son los niños, tan sabios a mi parecer que los adultos ya olvidaron cómo entenderlos.

Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a alegrarse sin tener un motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todos sus fuerzas aquello que desea”Pablo Coelho.

Una de las cosas que más odio de la sociedad que hemos ido construyendo es la connotación actual de la palabra “niño”. Las personas que cargan varios años en sus espaldas pronuncian la palabra niño con cierto desabrido desprecio. Niño, ven para acá; no juegues con eso niño; sal de ahí niño. Como si no aceptaran su no experiencia y sus ansías por lo desconocido. ¿Dónde quedó nuestro niño? ¿Será que cada segundo nos cuesta su esencia? ¿Será ese el costo de la vida? No lo creo o por lo menos no lo quiero creer porque algunas veces uno tiene la suerte de conocer personas jóvenes de corazón y se da cuenta que es una elección personal, tal vez consciente o inconsciente.

Pero con qué facilidad se alegran los niños, con qué facilidad se impresionan, con qué facilidad despiden sinceridad, con qué facilidad regalan amor. ¿No sería bueno mantener eso de por vida? ¿En qué punto de la vida comenzamos a hacer lo contrario? Tal vez cuando miramos a nuestro alrededor y comenzamos a imitar a los adultos; esa maldita imitación pero inevitable.

Recuerdo mis pataletas cuando quería una muñeca. Pobres mi padres que tuvieron que soportar eso pero ¿qué niño no tiene pataletas? Yo sí recuerdo las ganas y energía ponía en ellas ¿Ustedes? Aún creo que tengo esa posterior determinación seguida del deseo pero no creo que todos sean así de afortunados. Tal vez no es cuestión de suerte sino de seguridad, de saber con todas tus fuerzas que seguirás con esas mismas ganas.

Es un homenaje a esas dulces pizcas de cielo. Un homenaje a sus grandes corazones que inexplicablemente caben en diminutas tangibles estructuras, un homenaje a sus sanadoras sonrisas y sus dulces besos, un homenaje a su sabiduría que muchos de nosotros olvidamos.

Pablo Coelho nombró tan sólo tres cosas pero creo que hay un millón más. Tal vez nunca descubriremos cómo es que son tan inteligentes siendo tan pequeños por lo que sólo nos queda creer en ellos. En Bali hay una tradición cuando el bebé cumple seis meses. Desde que nace hasta esa cantidad de meses no pisa la Tierra porque se cree que los niños son seres celestiales y que no pueden pisar algo tan sucio. En tal ceremonia se coloca sus diminutos pies en la Tierra por primera vez renunciando a su divinidad para ser como todos los demás… un mortal. Esto nos da una pista ¿no? Tal vez no llegamos mortales después de todo y en algún punto nos convertimos en uno.

Sólo trato de conseguir un respeto más profundo hacia ellos. No son lo que parecen o tal vez no son los que nos hacen creer.

Les escribe una admiradora,

Adiós.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Inspiración limeña 17: Horizontal

Fotógrafa: PLS.

Estoy harta.

Estoy harta que todo lo que mires, todo lo que oigas te haga sentir menos. ¿Por qué esta sociedad te quiere hacer sentir totalmente mierda? Por una parte nos hacen creer que todo lo podemos y por otra nos hacen creer que nada somos. ¿Qué quieren de nosotros?

¿A dónde nos dirigimos? ¿Qué quieren qué seamos señores superpoderosos?

Cada vez que miro a mí alrededor me encuentro con personas cada vez más plásticas, más sintéticas, prefabricadas. ¿Eso es lo que siempre quisieron o no? Volvernos cada vez más idiotas, más inútiles.

Estoy harta de tener que soportarlos.

Estoy harta de tener que mirarlos y tener que contenerlo todo.

Pero la verdad es que ya no puedo más.

¿Por qué merecen ellos la vida? Algo tan sagrado y hermoso.

¿Por qué merecen ellos la vida? Si no les interesa en lo absoluto.

¿Por qué Dios, por qué? ¿Será un tipo de castigo?

Por más que intento entenderlos, no puedo y me desgasto.

Esta semana todo parece tan difícil y lejano. ¿Será que esa es la verdadera realidad? ¿Habré soñado con ojos abiertos toda mi vida? Toda frase alentadora me parece estúpida o simplemente inútil.

¿Qué hacer? El camino se hace más y más pedregoso, estrecho, aventurado. Ir contracorriente no es nada fácil, nada. ¿Qué hacer? Seguir no parece la respuesta que busco.

Sólo busco que todo sea horizontal.

jueves, 3 de marzo de 2011

Inspiración limeña 16: Debajo de los árboles

Fotógrafa: PLS


Miró al cielo; no lo encontró

Cristales de luz llenaban sus ojos

Tenue, acogedor

El espectáculo se iba tornando raudo

Y deslumbrado, se quedó mirando.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Inspiración limeña 15: Insignificantes



¿Estaré loca? Un amigo me contó que visitó este sitio arrinconado del mundo interniano y que no entendió nada, que no entendía qué era lo que escribía ¿Estaré demente por escribir tantas cosas que casi nadie se pone a pensar? No es que me afecte lo que dijo y tampoco dejaré de escribir, estoy escribiendo ahora, pero supongo que eso prueba que algunas personas son más profundas que otras.

Como cuando estábamos esperando, mi madre y yo, mi resultado de mi examen médico y estábamos escuchando una canción de Camila en la televisión, escuchamos la frase “poner el cielo al revés”. “Ya no saben qué cantar, ¿qué tontería es eso de poner el cielo al revés?” dijo; pero para mí estaba clarísimo. Si pones el cielo al revés entonces ya no viviríamos en la tierra sino en algo mucho más hermoso… el cielo y para él el cielo es ella. Para mi madre era una frase totalmente absurda y para mí era totalmente hermosa.

A veces me pongo a pensar cómo será sentir las cosas por primera vez. Mirar a tu madre por primera vez, ver el cielo por primera vez, sentir el viento por primera vez, comer y beber por primera vez… ¿Cómo será? A veces me gustaría regresar el tiempo cuando nací y poder ser consciente de todos esos primeros días confusos pero creo que absolutamente magníficos cuando no entendemos nada de lo que está pasando alrededor, no entendemos nada de lo que dicen y ni lo que vemos ¿Cómo será? ¿Por qué no tenemos el derecho de recordar todo eso?

Ayer estuve cansadísima por la tarde por lo que decidí prender mi bobo pero amigo televisor. Me encanta cuando encuentro una película comenzada que no entiendo para nada pero pasan los minutos y la historia comienza a cobrar vida. Eso pasó ayer. Encontré Un ángel enamorado. Admito que lo que me atrajo fue el título y que las películas románticas son algunas de mis favoritas. Fue pasando el tiempo y la historia me iba tocando más y más el corazón.

Era una historia que ilustraba exactamente mi deseo de sentir las cosas por primera vez. Cuentan que un ángel se enamora de una mortal y se vuelve mortal por amor. El final es trágico, ella muere muy poco después que él se convierte en humano pero termina con una frase bellísima:

“Es mejor un aroma de su cabello, una caricia de sus labios o un roce de sus manos a una eternidad sin su amor. Una.”

Los ángeles no podían sentir. Y si no sientes en esta vida ¿qué eres? Cuando se vuelve mortal todo era tan pero tan maravilloso. Sentir el agua que cae de la ducha, sentir el viento rozando tu rostro, saborear el sabor de una pera, tocar una mano… eran experiencias celestiales para un ángel, para un ángel.

¿Y por qué para nosotros no? ¿No tendría que ser más celestial aún para nosotros ya que somos simples y ordinarios humanos? ¿Por qué no sentimos?

Encontrando alguna explicación a esta inexplicable situación pienso que mientras más horas, más días y más meses pasen, menos sentiremos. ¿Por qué? Porque el ser humano es una ser adaptable y se acostumbra a situaciones nuevas después de un maldito tiempo.

Acostumbrar, qué horror.

Estoy segura que si a todos los costeños de Perú nos mudaran a la Antártida, sentiremos el frío. En verdad lo sentiremos. ¿Qué pasa después? Nos acostumbramos y cada segundo que pasa lo sentimos menos. Indudablemente que desde este punto de vista el ser adaptables es muy negativo, pero si no lo seríamos nos hubieras extinto hace mucho ¿o no?

Quiero sentir las cosas como si fuera la primera vez. Lo quiero. Todas. Todas las cosas, todas las experiencias de una vida.

Sé cuál es la penosa respuesta a esa lejana fantasía pero al menos podemos intentarlo ¿no? Creo que podemos tratar de sentir las cosas de una manera muy diferente de lo que estamos acostumbrados a sentirnos ante ellas. Tratar de no darlas por sentadas, tratar de no darlas por entendidas, por sabidas. Podríamos abrir la mente y sin recordar lo aprendido durante la vida, nuestra vida, sentirlo como nunca lo sentiste jamás. No tratar de ignorar lo ‘ordinario’ porque puede llegar a ser extraordinario, como diría el señor Guillén.

¿No me entienden? ¿No pueden imaginarlo? Sólo lean Oda al limón de Pablo Neruda a continuación:

De aquellos azahares
desatados
por la luz de la luna,
de aquel
olor de amor
exasperado,
hundido en la fragancia,
salió
del limonero el amarillo,
desde su planetario
bajaron a la tierra los limones.

Tierna mercadería!
Se llenaron las costas,
los mercados,
de luz, de oro
silvestre,
y abrimos
dos mitades
de milagro,
ácido congelado
que corría
desde los hemisferios
de una estrella,
y el licor más profundo
de la naturaleza,
intransferible, vivo,
irreductible,
nació de la frescura
del limón,
de su casa fragante,
de su ácida, secreta simetría.


En el limón cortaron
los cuchillos
una pequeña catedral,
el ábside escondido
abrió a la luz los ácidos vitrales
y en gotas
resbalaron los topacios,
los altares,
la fresca arquitectura.

Así, cuando tu mano
empuña el hemisferio
del cortado
limón sobre tu plato,
un universo de oro
derramaste,
una copa amarilla
con milagros,
uno de los pezones olorosos
del pecho de la tierra,
el rayo de la luz que se hizo fruta,
el fuego diminuto de un planeta.

¿Lo ven ahora? Como algo tan ordinario, tan pequeño y natural puede convertirse en algo casi divino.

Insignificantes. O tal vez sea mejor decir casi insignificantes cosas que podemos sentirlas de una manera mucha más celestial y con eso apreciar más la vida que nos rodea cada día. El pan de la mañana, la velocidad con la que viajas, la energía del sol en tu piel, etc.

Creo que lo único que necesitas hacer es observar tu alrededor, sentir la atmósfera y comenzar a descubrir cosas que no tuviste la oportunidad de sentir antes. Date esa oportunidad. Sorpréndete. Sorpréndete de las cosas que tú puedes ver y los otros no. Estoy segura que hay tanta maravilla como mierda que hay en este mundo.

Descubre y siente; ¿no tendrás los cinco sentidos por las puras no? Tal vez puedas encontrar más odas en la vida de lo que imaginas.

Les escribe su ave,

Amor.