domingo, 5 de febrero de 2012
domingo, 29 de enero de 2012
Sin título
“Our day will come (Our day will come)
If we just wait a while
No tears for us
Think love and wear a smile”
Amy Winehouse – Our day will come

/TONTO, A adj. y n. De poca inteligencia o escaso entendimiento. 2. Fam. Engreído, muy presumido o vanidoso. /
No se trata de que haya logrado o no en estos veinte años de vida, se trata de que lo que soy hoy. No se trata de lo que sufrí, viví o gocé sino de lo que vivo hoy y lo que viviré mañana. Me llamo Pamela Luján y tengo 20 años. Tener es, a veces, un verbo un poco subjetivo ¿no creen? Porque podríamos a llegar a pensar que en realidad no tenemos nada más que nuestros recuerdos, nuestro espíritu, etc. A veces hasta me da miedo decir que tengo vida; Dios puede arranchártela en cualquier momento.
Mil cosas han pasado por mi mente estos últimos días para tratar de convencerme que los cumpleaños no importan realmente pero ¿importan de verdad? No es la clase de importancia sobre si debo hacer fiesta o no; y tampoco es la clase de importancia sobre si estoy vieja o no ¿Cuál es entonces? Considérenlo como quieran: alarma, despertador, timbre; todos con funciones para una determinada ocasión pero con algo en común: notificarnos. Y uso notificar haciendo referencia a las famosas “notificaciones” de Facebook, porque todos sabemos lo que hacen… nos anuncian algo nuevo en nuestra vida virtual, pero en este caso es una notificación una vez al año de nuestra verdadera vida y que considero que anuncia algo realmente importante: qué tanto hemos hecho el último año para lograr cumplir nuestros sueños de vida.
Todos sabemos que nos iremos en algún momento, todos sabemos que no viviremos para siempre y que nuestros sueños, aunque suene feo, tienen fecha de caducidad.
No podemos pasarnos 20 cumpleaños ignorando esto. Pensando que no importan porque sí importan.
Y ahora que me veo hoy puedo ver como ha sido mi pasado. Doy gracias a Dios por lo que me hizo vivir porque eso me construyó. Tengo pasión y tengo confianza; son dos cosas que muchas personas no llegan a conocer en sus vidas y por esto me siento muy afortunada. Sé que aún me falta mucho por vivir y por conocer. Sé que no sé nada realmente. Y también sé que nunca me he enamorado y que tengo la incertidumbre si algún día lo haré.
Tengo mil y un dudas del mundo y del universo que tal vez nunca llegue ni nadie nunca llegue a responder pero ¿qué podemos hacer contra eso simple seres humanos como nosotros?
Hay ciertas cosas que quiero lograr pero que no sólo quiero lograr sino que lograré. Amar, por ejemplo; y no estoy hablando sólo del príncipe sino de lograr amar a Dios y al mundo entero con sus perfecciones e imperfecciones. Luchar por un mundo mejor e inspirar a más personas para que luchen también porque yo no me voy de aquí sin lograr por lo menos un minúsculo cambio. Toda mi vida se podría resumir con esas oraciones porque si logro eso encontraré paz y si encuentro paz entonces encuentro la felicidad en el nirvana más hermoso del mundo.
Hay algunas cosas que no viviré, hay que aceptarlo. No se puede tener todo. Pero lo que si pido a Dios fervientemente es que siempre viva lo que necesito y no necesariamente lo que quiero.
Creo que no podría haber vivido unos mejores 20 años. Soy lo que siempre quise ser: amada, segura, apasionada, independiente y con un camino que seguir. Sé lo que quiero, no valen las distracciones. Sé cuáles son las tentaciones que siempre atraen mi atención pero creo que un gran paso es haber sabido distinguirlas.
No suelo escribir consejos explícitos pero esta vez me provoca mandar uno: toma las cosas con calma porque si uno desea algo con todo su sincero corazón, no habrá algún obstáculo incapaz de ser superado. Nuestro día vendrá. Our day will come. Disfrutemos el show de la vida porque no hay día que Dios no nos demuestre lo hermoso que es. Observemos y sintamos, sobre todo, sintamos; no importa si es felicidad o tristeza, porque cómo diferenciaríamos entre las dos sino sentimos las dos ¿no? Yo seguiré mirando películas, escuchando música y comiendo pastas… pero también seguiré buscando la felicidad constante y disfrutando que no soy una tonta más en este mundo.
Por la lucha, siempre.
viernes, 9 de diciembre de 2011
jueves, 17 de noviembre de 2011
martes, 1 de noviembre de 2011
Inspiración limeña 27: Aquí estas
"Don't stop this train
Don't for a minute change the place you're in
Don't think I couldn't ever understand"
Ya casi se acaba este proyecto, solo tres entradas y chau. Hola a uno nuevo, eso me emociona.
Es bueno encontrarse con las teclas cuando uno se siente más profundo de lo normal y siente la necesidad infinita de intentar expresar ese algo que no deja tranquilo.
Ayer gané. Todo comenzó cuando mis pies no daban más y Mili me dijo que ya habían llamado al taxi y que llegaba en 20 minutos. Nunca más uso tacos. Basta con la presión social, no me gustan, los odio. Nunca usaré tacos para ir a trabajar. No voy a sufrir sólo para que mis piernas se vean más estilizadas de lo normal, ya no más. Nunca digas nunca, lo sé; pero ésta es una excepción porque ese nunca será nunca y punto. Entonces pasaron los 20 minutos y no llegaba. Llamamos y la señorita nos dijo que llegaba en 27 minutos. Qué mierda, quiero regresar a mi casa.
- Vamos a tomar otro afuera no más.
- Ya, no puedo más. Quiero estar en mi cama.
Caminamos a un metro por hora y cuando estábamos por salir del condominio, nos encontramos con las rejas cerradas. Maldita Lima. ¿Por qué nos alienamos así? Las calles deberían ser libres ¿Se dan cuenta que nos “protegemos” de los “no deseados”? Qué mierda.
Quéééé mierda. Maldita clase media. Maldita clase alta.
El vigilante nos dijo que cada dueño tenía la llave de esa reja. Con nuestros pies destrozados y nuestra alma ida tuvimos que regresar a la casa de nuestra queridísima amiga. No la tenía, puta madre. Quiero regresar a mi casa. Puta madre, puta madre, puta madre. Todo esto es un gasto de tiempo totalmente innecesario por el capricho de algunos limeños de alienarse solos, esas rejas no deberían existir ¿Cuándo será el día que nos comportaremos como país o, sin soñar tanto, como cuidad? Dónde está la libertad, grito por la calle.
- Ahora ¿qué hacemos?
- No tenemos otra, caminemos hasta el “Corregidor” por el camino largo.
- Pero no puedo más.
- No hay otra, vamos.
- Bueno, esto bien; esto lo recordaré siempre, qué infelices somos.
Entre risas de nuestra desgracia, encontramos a un taxi.
- ¿¿¿Cuánto???
- 25 soles
Cliché limeño: estar disconforme con el precio que ofrecen los taxistas después de las 12 de la noche.
- No hay forma, adiós (Tal vez a veces sea muy reactiva, pero así soy)
- Sí, el taxi seguro nos cobrará 20 soles
- Sí, que no se pase de vivo. Que se pudra.
Estamos tan llenos de clichés limeños día a día, nos matan lentamente.
El taxi seguro llega. Está en la puerta de la casa de nuestra queridísima amiga. Puta madre, qué infelices. Caminamos todo por gusto.
Al final nos da en encuentro y gritamos POR FIN a todo pulmón. Vamos a casa, por fin.
Hacemos chanchita y me la dan a mi porque soy la última en bajar. Chau Mili. Chau Lili. Por aquí señor; sí, en esta entrada. La primera esquina, ahí está bien.
- ¿20 soles verdad?
- ¡NO! Son 50 soles.
- ¿¿¿Qué??? NO, nos dijeron 20 soles.
- ¿Cómo van a ser 20 soles, señorita? Desde La Molina con tres paradas.
- Nos dijeron 20 soles. No tengo 50 soles y no pienso pagar un centavo más.
Ese fue el comienzo de una discusión de 30 minutos. Incluyó muchas llamadas a la central y mucha llamadas a Lili. No pudo conmigo y mi terquedad de que no iba a soltar un centavo más. No voy a escribir toda la discusión porque es larga. Al final gané y no pagué un centavo más.
¿A qué va todo esto? No fue tanto no pagar los otros 30 soles. Son 30 monedas, nada para morir. Fue más por defender nuestros derechos. La central se había equivocado en decirnos el precio y ahora no lo quería reconocer. Ni daba soluciones, qué odiosos. No íbamos a pagar por ese error. No es justo. No van a pisotearnos. No somos títeres.
Ese furor, que no lo sentía hace tiempo, volvió. No para defender 30 soles sino porque querían aprovecharse de nosotros. No lo iba a permitir. Nunca. Y este es otro nunca necesario. Porque yo sí creo que a veces hay “nunca’s” que decir. Nunca es nunca pues. Para eso existe la palabra o ¿no?
Ese furor por justicia. Ese furor por defender lo que era correcto. Defender que nos habían dicho 20 soles y que ellos tenían que reconocer su error, para no descontarle al taxista. Sé que nunca lo reconocerán, pero no me sorprende. Son unas mierdas. Tengo que admitir que me hubiera gustado que reconocieran el error, para que el taxista no salga perjudicado.
Hoy me levanté con una sensación rara, sensación qué aún no puedo clasificar. Me siento apagada, como si esa discusión hubiera consumido todas mis energías. Es una sensación que también involucra el saber que se cometen tantas injusticias a cada segundo en nuestra ciudad querida. Ay Lima, estás tan llena de basura. Basura de personas.
Justo antes de dar mi examen de manejo, discutí con un bueno-para-nada por haberse colado justo en frente de nosotros. Recuerdo aquel furor que me hizo abrir la puerta con una determinación inigualable. Me puse al costado de su puerta y le grité su vida. ¿Qué se cree? ¿Qué puede hacer lo que quiera? ¿Acaso no es nada íntegro? ¿Qué nos puede pisotear como si no fuéramos nada? ¿Acaso su esposa va a manejar como usted? Por eso el Perú está así, por personas como usted.
Recuerdo todo. Fue algo como lo que pasó anoche. Me llene de furor por defender lo bueno.
En parte, me siento feliz de haberme encontrado con él otra vez. Ahora comprendo que no es que desaparezca o que se pierda con el paso del tiempo. Sino que se esconde. Está ahí, preparado para salir y manifestarse en los momentos correctos. Esa fuerza que me hace hablar tan firme y tan segura, sin la necesidad de insultar, sólo para convencer y hacer reflexionar a la gente.
Ese queridísimo furor. Tal vez nunca lo hubiera conocido sino viviera en un extraño lugar como Lima. Lugar lleno de prejuicios, injusticias y exclusión social. Un lugar donde la estructura social reina nuestros días soleados y grises. Y me pregunto ¿Algún día será diferente? No sé, depende de todos. Pero aquí está, conmigo. Me acompaña y lucharemos juntos hasta ver un cambio, pero uno de los buenos.
Sé que todos tenemos este furor, entonces ¿por qué no lo usamos para crear un mundo mejor? Tenemos que manifestarnos cuando algo no está por el buen camino. Usémoslo. Luchemos.
Luchemos con ganas y con pasión.
Por la pasión,
PLS.
domingo, 18 de septiembre de 2011
Inspiración limeña 26: Me gustan los perdedores
I spend so much time above the earth,
thinking about life and each man's worth
How can one person be worth more
than a thousand people knocking on his door?
Above the earth - The Kooks
Esto será corto pero intenso.
Deberían estar estudiando Física II y Cálculo III pero cuando sólo tienes un día en la semana para decidir hacer lo que sea con este tal “debería”, se transforma en una existencia fantasma para mí.
Todo comenzó en tercero de secundaria. Cuando nuestro salón estaba ubicado en el tercer piso de aquel edificio nuevo del patio de secundaria y sufríamos todas las mañanas hasta llegar a él. Yo me sentaba en la tercera carpeta de la columna número dos y él se sentaba en la primera carpeta. Nunca lo había notado tanto como en ese momento, era tan flaco y tan alto; llevaba lentes y tenía cabello grueso puntiagudo, era extraordinario en oratoria y su voz gruesa a tan corta edad me atraía. Luego descubriría que la voz gruesa me atraería a todo hombre que la tuviera. Yo llevaba el cabello tan lacio como siempre sólo que en ese tiempo lo tenía sujetado todo el tiempo y cargaba mis lentes de bordes delgados morados. Tenía brackets y para completar mi look de nerd, mi falda se situaba exactamente a la mitad de mis rodillas. Todo comenzó mal pero hasta ahora pienso que era la única manera de comenzar nuestra relación sino no hubiera comenzado del todo. Le comencé a hablar en exceso, porque me gustaba, él lo sabía y yo no lo sabía. Le mandaba mails para que pudiéramos conversar porque en ambiente colegial no había tiempo. Nunca logré lo que quería. Nos volvimos mejores amigos y ahora él estudia Comunicaciones y cada vez que nos vemos nos abrazamos. Sigue flaco como siempre, ahora usa lentes de contacto como yo y tenemos un aire mucho más como siempre quisimos: genuino. Es fácil de distinguir, por lo menos para mí. Y es que desde ese momento en que me fijé en él comenzó una selección exclusiva de sólo algunos hombres para que pudieran ingresar a mi vida amorosa: los que la sociedad tildaría de perdedores, nerds, etc.
Es obvio que para mí son cercanos a dioses. Me encantan los que leen y los que les gustan ir al cine. Los que disfrutan de escuchar música como si estuvieran comiendo un chocolate del tamaño de un centímetro cuadrado. Y es obvio que aborrezco a los creídos, a los pedantes y a los sucios de alma. Me gustan los que gustan de cosas diferentes. Me gustan los inteligentes. Me gustan los que tienen presencia. Me gustan los que tienen esperanza. Me gustan los que están completamente vivos y seguirán vivos por más años que pasen. Me gustan los que disfrutan de las cosas simples. Me gustan los guerreros y tercos. Me gustan los apasionados. Me encantan los reales, por dentro y fuera. Me gustan los que bailan como locos y los que se empilan en una fiesta sin alcohol o alguna droga. Me encantan los sinceros. Me gustan los que me miran cuando hablo y estoy mirando a otro lado. Me encantan los que ven mi espíritu y no lo que va sobre mi piel. Y también es obvio que nunca encontraré a ninguno con todo esto y más, pero espero que haya alguien que se le acerque. Yo sí creo en el amor y en la pasión; sólo espero que él también.
Estos dos años y medio de autoexploración y total independencia, lo más cercano a amor que he estado es el típico cliché de “Sí, me gusta”; lo sé, pobrísimo en términos apasionados. Tal vez debería ser más aventada o pendeja. No, esa no soy yo. O tal vez lo debería ser. Estoy tan loca que en verdad lo estoy considerando. Cuando coqueteé con ese Bar Tender en Munich y me imaginé el número de mujeres con las que ha hecho lo mismo y me sentí común y ordinaria. Tal vez ese sentimiento comprueba que no he nacido para ser pendeja, por no decir perra.
Tal vez ya debería dejar de escribir tanta tontería. Pero sí, me gustan los “perdedores”. Porque aunque casi nadie lo comente, todos tenemos nuestro lado apasionado y filosófico, sólo que yo aprecio muchísimo más a los que lo reconocen y no los que lo ocultan con estúpidas prácticas humanas, terrenales. Hay que ser más celestiales. Lo seremos, juntos. Encuéntrame.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Inspiración limeña 25: Cabellos cayeron

Los vegetales tienen raíces;
Los hombres y las mujeres tienen pies.
George Steiner
Hoy recordé lo mucho que me gusta lo que hago, lo mucho que me gusta recibir ningún centavo por mis horas de esfuerzo y lo mucho que me satisface salir de aquella oficina sabiendo que son nuestros primeros pasos hacia una vida de lucha, o por lo menos mis primeros pasos hacia una vida de lucha. Hoy recordé que nunca podrán apagar mi fuego, mi furor y que algún día moriré con él, aquel compañero que empujó en días grises, aquel gran compañero.
Sé que hace meses que mis dedos no pisan este teclado para escribir alguna tontería que explotó en los circuitos de mi mente para llegar a tener un sitio en este mundo; quién sabe qué personas estarán leyendo las palabras que dibuja esta loca.
¿La novedad? Me corté el cabello corto.
Más que un plan fue un impulso, y más que una razón había una necesidad.
Me dio ganas de cortarme el cabello y lo hice. Hace mucho tiempo que no respondía tan rápido a mis ganas, a mis caprichos. No lo pensé mucho y lo hice. Sabía que extrañaría mi cabello lacio largo y que echaría mucho de menos sentir su danza junto al viento, a aquel jaloneo como que quisieran soltarse y volar con el viento de por vida. Lo extraño.
Más que una razón había una necesidad. La necesidad de verme diferente porque ya no era la misma; ya no soy la misma, hace mucho que deje esa piel por esta nueva.
Nunca me imaginé, cuando niña era, de grande con un cabello tan corto. Tampoco es que esta loca idea de cortarme 30 centímetros de cabello nació porque sí, hace meses que estaba rondando por mi cabeza; no fue porque Sussan dijo que me quedaría bien o porque me comentaron que algunos caballeros encuentran más interesantes a las mujeres con cabello corto. No, para nada.
Entonces tenía esta extraña y hermosa necesidad de verme diferente para que combinara con esta piel fresca. Y me pregunté ¿Por qué no llevar el cabello corto? Años ya son que lo llevo con el mismo corte y el mismo largo, creo que es una excelente oportunidad para mandar a la mierda el “como siempre” y saludar al “qué nuevo”. Tal vez sea una estupidez que le tome tanta importancia a un corte de pelo pero creo que la vida es más emocionante cuando le pones significado a algunos actos insignificantes.
Y es que me fui de viaje. Sola. Cerca de diez mil kilómetros lejos de casa, lejos de mi familia y amigos, lejos de mis lugares favoritos, lejos de mi cama, lejos de aquel pequeño sitio del universo que es solo mío: mi cuarto. Pero también se alejaron aquellas cosas que me atormentan algunos días, cosas que llevan etiquetas diferentes pero que son esencialmente malas. Estoy completamente segura que si no hubiera estado en un lugar tan diferente y no me hubiera conectado conmigo mismo otra vez, nunca me hubiera atrevido y concretado este acto de locura. Lo sé porque cuando llegué tuve unos cuantos días de arrepentimiento. Y es que todas llevan el pelo largo, muy largo y yo iba en contra de todo eso. Me veía tan diferente a como había dejado mi hogar. Juro que en ningún segundo durante el despegue pensé que llegaría tan diferente.
Y es por eso que mi amor a viajar se incrementa cada vez que hago uno nuevo. Es tan renovador y sanador. Me sana. Me conecta y pienso en aquellas cosas que no piensas todos los días, esos días planeados hace meses con mil anotaciones en la agenda. Feos días realmente. A veces siento que vivo los días dos veces: cuando los pienso y cuando todo salió como lo había planeado.
Hablo huevadas, lo sé. Y soy una pava. Es que me di cuenta que tenemos que aceptar algunas cosas porque las cosas son como son: punto. Y si el mundo me quiere estereotipar, los reto. Soy una pava porque disfruto más ver una película en mi cuarto que estar en un bar respirando humo usado por otra boca. Soy una pava porque me gusta leer y estudiar y disfruto trabajar sin recibir un centavo. Pero también soy fotógrafa e ingeniera y me gusta el yoga y la natación. Me gusta ir a la playa y a la selva. Me gusta escalar montañas. Me gusta sentir profundamente. Me gusta viajar en los micros mugrosos de Lima. Me gusta tener sencillo en mi bolsillo y escuchar música en inglés. Me fascina tomar café y hablar con las personas cara a cara. Ver expresiones. Me gusta escuchar diferentes tonos de voz. Me encanta caminar con decisión y mirar al horizonte. Y me enorgullece realmente que no me gusten los Smartphones. Y como nuevo: Me encanta llevar el pelo corto.
No puedo mentir, también lo hice por una razón de rechazo a ciertas cosas que realmente intento excluir de mi vida. Siempre pensé que mi cabello largo lacio me hacía más bonita y es que no tiene nada que ver. El cabello ni nada te hace más bonito, lo bonito está en la piel. Pelo largo por aquí, pelo largo por allá; me harté de ver tanto cabello grande: me aburrí. Fue una manifestación, un culto al cambio. Fue, también, parte de mi historia de aceptar que nada dura para siempre y que es algo con lo que tenemos que vivir. Ni el chocolate durará para siempre ni la vida durará para siempre. Todo cambia y si tú no cambias, estás muerto.
Y es cierto, tenemos pies, a veces esos pies son tan peligrosos. Cuando te encuentras solo en un continente nuevo, tienes que cambiar de pies, o abrir la mente. Abrir la mente gente, es uno de los pasos para hallar la felicidad. De esto también estoy totalmente convencida.
Mientras canto en francés repitiendo lo que dice Zaz, a pesar que no tengo idea de lo que está hablando o de lo que estoy cantando, siento una enorme satisfacción por haber aprendido a no tenerle miedo al cambio. Mi corte fue una manifestación. No para ti, no para el mundo; para mí. Fue uno de esos grandes sucesos de una vida que hasta ahora va muy bien, quién sabe si en su tiempo logrará algo grandioso: yo, por mi parte, estoy segura que sí.
Por la lucha,
Adiós.

