lunes, 2 de mayo de 2011

¿Qué da igual?

Ojalá todos fueran simples peones sin la maldita capacidad de quejarse, sin la maldita capacidad de defender sus derechos. Ojalá sea dictadora y lograra transformar este escenario en mi palacio, con mis decoraciones y detalles. Ojalá. Todos tienen sueños y excusas, todos valen porque son personas y a las personas se les respeta. Yo tengo sueños y excusas; yo valgo. Puedo defenderme firmemente ante mis delitos imperdonables. Tú también. Y tú. Y tú también. Pero la verdad es que lo que jode a nuestra sociedad somos nosotros. Ojalá fuera dictadora y tratar a todos como mis amigos peones. Porque cuando casi fui atropellada por un señor calvo, blanco, con camisa ajustada y corbata estampada en su cuatro-por-cuatro, con una mirada indiferente y animal, en el exacto momento en que la luz era roja y gritaba mi sobredosis de seguridad para cruzar al otro lado me llené de furia. Es que él también tiene sueños y se merece la vida. Él también tiene derecho a violar imperdonables pero todo es excusable al fin y al cabo. Y yo también tengo derecho. Y tú también tienes derecho. Entonces no se qué hacer, porque si él está bien y yo estoy bien y tú estás bien ¿Quién carajo tiene la razón? Todos, según las leyes que nos manejan, todos y nadie puede sufrir las consecuencias. Todos y nadie… ¿qué da igual? Resignación.


3 comentarios:

  1. Me gustaba más las inspiraciones limeñas, en donde hacías más que solo quejarte.

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  2. Si, lo se. Es que falta inspiracion. Pero hoy ha ocurrido algo especial, ya veras.

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