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jueves, 6 de enero de 2011

Inspiración limeña 6: Siempre hay que mirar al cielo

La verdad es que nunca sabremos que encontraremos alla arriba

El otro día estaba regresando del Jockey luego de ir al cine a ver De vuelta a la vida, grandiosa película si es que lo preguntan. Fui sola y no saben la furia que siento cuando la gente dice ‘Oh, pobrecita ¿por qué fuiste sola?’ Bueno, para su información la soledad no es mala. Lo cierto es que me gusta ver películas sola porque sí y porque me gusta mi independencia. No depender de mi mamá o de cualquier otra persona para ir o esperar para que estacionen el carro. Cuando estoy sola puedo ir adonde quiera. Puedo meterme a otra sala si quiero, puedo ir a leer libros a Crisol, puedo caminar por el jockey y observar cómo actúan las personas. No dependo de alguien que me diga “ya me tengo que ir” o “tengo cosas qué hacer”. La soledad no es mala, ni tampoco el silencio. A veces siento que desperdicio mucha energía hablando.

Bueno, como estaba diciendo, estaba en el micro y comencé a observar el cielo. La verdad es que casi siempre lo observo porque en dos palabras: me encanta. Una de las razones de por qué me gusta tanto el verano es porque se puede ver el cielo casi llegando a una linda tonalidad azulada y las nubes se separan formando figuras increíblemente hermosas.

En invierno el cielo es gris, gris y más gris; pareciera que fuera algo casi permanente lo cual es una simple ilusión. En verano cambia a cada segundo. Estas saliendo de tu casa y puede estar completamente despejado; pero luego estas tomando el micro, te asomas y ves como las nubes están cubriendo el azul para darse paso. Algunas veces tienen esas formas onduladas, como si fuera un océano con sus propias olas. Otras simplemente son algodones que forman elefantes, casas, bebes, jirafas o estrellas como si especies de señales. Su cambio es lo que me fascina; siento que nos hace recordar a cada segundo que lo único constante en esta vida es el cambio, que nada es permanente y que por eso la importancia de vivir el presente; de disfrutar las cosas mientras duren y no malgastar nuestro tiempo pensando qué es lo que vamos a hacer cuando aquello pase.

Es tan inmenso y fantasmagórico que te hace regresar a la realidad. Cuando lo miro con atención me doy cuenta que soy tan pequeña, que soy tan insignificante para el universo. Pongo los pies sobre la Tierra y digo: Pero qué insignificante es nuestro mundo, nuestras tierras, nuestras ciudades, nuestras sociedades, nuestros problemas. Como lo que escribí es ¿Qué somos a comparación del universo? Y la respuesta es que no somos nada. Hay tantas cosas que nunca entenderemos en esta vida terrenal y que no hay por qué saberlas. Sólo digo que mirar el cielo nos puede aclarar muchas cosas en momentos difíciles. No sé si haya alguien ahí escuchando como lo dicen algunas religiones pero yo hablo de observar el cielo y darnos cuenta que si somos tan pequeños ¿porqué preocuparnos por cosas que son igual de pequeñas?

El cielo es sabio porque sé que algo tan hermoso y tan majestuoso no está en nuestras narices para no decirnos algo. Algunas veces es lo unico natural que nos rodea y me hace recordar lo hermosa que es la naturaleza.

Un amigo me dijo una vez que observara a mi derecha. Luego, que observara a mi izquierda pero si dejar de mirar el cielo. Me enseñó que si miramos un poco más allá de lo habitual nos damos cuenta que estamos bajo una cúpula gigante. Como si estuviéramos bajo un techo, el techo más hermoso del mundo. Su belleza aumente cuando podemos observar las estrellas en la noche, pero aquí en Lima es casi imposible. Nunca olvidaré cuando estaba regresando de Aguas Calientes a Cuzco en auto y vi el cielo más estrellado que he visto en mi vida. Me enamoré, así de simple.

Supongo que sólo quería compartir un poco mi apreciación del cielo con ustedes. Tal vez muchos lo vean como algo normal impregnado de nada impresionante, pero yo creo que siempre tenemos que descubrir la magia en las cosas que nos parecen ordinarias.

Les escribe el ave sin alas, aún.

domingo, 15 de agosto de 2010

Planeta vivo ayer, hoy y mañana



“Cuando hayaís talado el último árbol, cuando hayaís matado el último animal, cuando hayaís contaminado el último río, os dareís cuenta que el dinero no se come”. –Anónimo

De lo que entiendo del mundo hasta ahora es esto: ¿quién será el más rico cuando el mundo esté completamente jodido? Sé que estoy en lo correcto. Eso es lo que todos los países desarrollados hacen y sobre todo los empresarios incompetentes, completamente egoístas, dementes para mal.

Pero no entiendo cómo es que pueden existir personas que piensen así. Dicen que tenemos que escuchar a todos y ponernos en sus zapatos pero no puedo ponerme en sus zapatos por dos razones; primero ¿por qué carajo joden a todo el mundo por su deseo de ser increíblemente millonarios? Y segundo, ellos les importa un bledo las próximas generaciones y el mundo. Así que no pues, no me pondré en sus zapatos y que se jodan.

Esto es lo que pienso. El mundo es sólo uno, hablo claro del planeta Tierra. Increíblemente hermosa y rica. Pero nosotros, los seres humanos, tenemos una naturaleza maravillosamente destructiva. Nuestro principal error desde las primeras civilizaciones es crear un esquema donde el ser humano está fuera de medio. No todas las civilizaciones lo plantearon así; ejemplo de ello está el Imperio Incaico y su Madre Tierra a la que tanto horraban y admiraban. Pero los europeos que siempre se creyeron dueños de todo, poseedores de los mejores conocimientos, invadieron esas civilizaciones causándoles la muerte. Nos implantaron su modo de pensar y su modo de hacer las cosas. Claramente están equivocados y es hoy cuando nos damos cuenta, cuando mucho daño ya ha sido causado.

Nosotros somos tan sólo una parte muy pequeña de toda una biosfera gigantesca que funciona en completa armonía por sí sola. Somos tan solo una especie que debería cumplir su papel para que este ecosistema funcione. Somos como cualquier otro animal que cumple un ciclo alimenticio. Pero ¿acaso lo sabíamos? ¿Creemos que en verdad somos eso? No, pensamos que somos una especie poderosa que puede hacer lo que quiera con el planeta. Pensamos que los desiertos son nuestro; que los mares son nuestros, que los bosques son nuestro, que el cielo es nuestro. Pues no es así. Es de todos y cuando hablo de todos no digo de todos los seres humanos, sino de todos los seres vivos que habitan este planeta.

¿Podemos utilizar a la Madre Naturaleza para satisfacer nuestras necesidades? Claro que sí, siempre y cuando le devuelvas el favor, siempre y cuando la respetes. ¿La hemos respetado? ¿Le hemos devuelto el favor? La respuesta es no.

Yo quiero hablar por la Madre Naturaleza. Y también sobre las próximas generaciones. Tú naciste y tuviste todo si tus padres podían ofrecértelo ¿no es así? Tuviste comida, tuviste vestimenta, tuviste acceso al agua, tuviste todo. No tuviste que luchar para nada, no tuviste que hacer colas largas solo para una botella de agua. Te diste el lujo de tener un jardín al cual regabas interdiario. Sin embargo, las próximas generaciones tal vez no tengan la misma suerte. Tal vez se tengan que pelear por agua, por aire y por alimento. ¿Cómo podrán vivir en paz si nuestras necesidades básicas no estarán satisfechas? No podrán razonablemente y como gente civilizada si no tienen alimento. El mundo llegará a su fin. ¿Fue su culpa? Obviamente no. Y entonces ¿de quién lo fue? De nosotros.

La culpa claro está en las generaciones que han pasado. Las personas viejas que lo único que hacen es llenar de más basura este planeta, aunque suene duro, lo es porque ya no hacen nada; sólo esperan por la muerte. Pero nosotros, los jóvenes, tenemos la oportunidad de mandarlos a la mierda. De arreglar este mundo porque dentro de unos años el mundo estará en nuestras manos. Y por mi parte quiero aprovechar esa oportunidad ¿tú no?

Estoy harta de la corrupción. Estoy harta de la importancia del dinero en nuestra sociedad. Estoy harta de la basura. Estoy harta de la contaminación. Estoy harta de los pendejos que posicionan la política. Estoy harta del calentamiento global. Estoy harta del cambio climático.

Si nosotros comenzamos a cambiar las nuevas generaciones sólo conocerán la manera correcta de vivir: en armonía con la Madre Tierra. Nosotros podemos cambiar la Historia. La esperanza es lo última que se pierde ¿no?

“Cuando hayaís talado el último árbol, cuando hayaís matado el último animal, cuando hayaís contaminado el último río, os daréis cuenta de que el dinero no se come”.